Cómo el Estado Ecuatoriano podría garantizar un regreso a clases seguro y ahorrarse millones.



El cierre de escuelas y colegios debido a la crisis sanitaria del Corona Virus ha afectado a 1.370 millones de estudiantes a nivel mundial y a 4.6 millones en el Ecuador. Aunque la educación virtual ha sido la única alternativa, atrasos, informalidad, recursos deficientes o falta de cohesión resultan muy comunes en estos días y muestran la evidente ineficiencia de la misma.


La educación de calidad, además de ser un motor económico y social, es un derecho humano fundamental, y por lo tanto retomarla con rapidez, eficiencia y sobre todo seguridad, tiene que ser una prioridad en la planificación estatal. Dicho esto, ¿es posible regresar a clases presenciales de forma segura? En principio sí, en Wuhan, cuna de la pandemia, ya se han retomado las clases, igualmente Europa prevé un pronto regreso, pero si queremos replicar esto en el Ecuador y otros países de la región, las precauciones deben ser exhaustivas.


Mascarillas, guantes, distanciamiento y evitar aglomeraciones en espacios cerrados no son suficientes para la actividad conjunta de varias personas, el riesgo de contagio es muy alto y pone en juego la vida de millones de niños, por esto las medidas deben ser obligatorias y venir desde arriba.


Ya hay un primer paso, actualmente el Ministerio de Educación del Ecuador, siguiendo lineamientos de la OMS, exige que las escuelas y colegios tengan horarios para que todos se laven las manos, y sobre todo para desinfectar y ventilar, mínimo una vez al día, los espacios de la institución.


El virus puede vivir horas sobre diferentes superficies por lo que implementar esta medida en un lugar cómo una escuela es indispensable, sin embargo, hacerlo requiere una cantidad considerable de recursos. ¿Las instituciones educativas del país cuentan con estos recursos? ¿están realmente listas para garantizar la seguridad de los miembros de sus comunidades? Lamentablemente, en la actualidad, la respuesta es no.


Planteemos un escenario común, digamos una institución educativa con 200 estudiantes y 500 metros cuadrados, se necesitarían al menos unos 3 litros de desinfectante para una sola limpieza de sus espacios, si consideramos que una botella de desinfectante común de 1 litro cuesta alrededor de 1,25 USD, el gasto mensual sería superior a los 112 dólares, proyectado a 5 años, al menos 6.720 USD.


Considerando las cifras a escala nacional el problema comienza a atisbarse, según el Archivo Maestro de Instituciones Educativas (AMIE) en el país existen alrededor de 20 mil centros educativos públicos, lo que significaría que, para garantizar al menos una limpieza diaria en todos ellos durante 5 años, el estado debe invertir 135 millones de dólares.


¿Es realista asumir que un estado en crisis invierta esta suma sólo para desinfectar superficies? Dudarlo es lo mínimo. Así, las personas que asistan a una institución educativa estarían en un enorme riesgo, afortunadamente para todos existe una substancia más efectiva y económica para enfrentar el riesgo.


La forma más efectiva para desinfectar superficies amplias, alimentos y diferentes objetos es el hipoclorito de sodio o “cloro líquido”. Esta substancia elimina por completo el virus de cualquier superficie, lo hace instantáneamente y luego se desintegra sola con el efecto de la luz, a diferencia del desinfectante comercial que demora en hacer efecto y deja residuos tóxicos de lejía.


El litro de hipoclorito de sodio cuesta 1.25 USD en el mercado, de esta manera sería posible reducir el gasto antes planteado a menos de la mitad, y además actuar de forma segura y más amigable con el medio ambiente. Resulta sorprendente pensar que el ahorro pueda ser mayor aún, pero afortunadamente lo es. Recientes avances tecnológicos han permitido el desarrollo de una máquina llamada CLOVID 6, esta hace que la fabricación de hipoclorito de sodio sea factible en espacios reducidos y por un precio más que accesible.


Tomemos de nuevo la escuela antes mencionada, con CLOVID 6 es posible producir los mismos 3 litros de desinfectante por sólo 3 centavos, por lo que en un mes el gasto total sería 0.90 USD. Hay que considerar que la máquina tiene un costo de 300 dólares, sin embargo, incluyendo esto, el ahorro sigue siendo extraordinario y cubriría el costo mismo de la máquina en menos de 3 meses.


Al igual que en el ejemplo anterior, si pensamos a gran escala los números impresionan aún más, el gasto anual para comprar un CLOVID 6 para cada escuela del país y para desinfectarla una vez al día durante los mismos 5 años sería de un poco más de 8 millones de dólares. Enfrentando los dos escenarios, el ahorro sería de 126 millones de dólares, suma que podría ser invertida en otros sectores primordiales para el desarrollo del país, la decisión parece obvia.


Por si fuera poco, en este cálculo rápido no se consideró el impacto ambiental por las botellas y los efectos nocivos sobre la salud que producen los desinfectantes comunes.

No es un tema para nada sencillo, entran en juego la educación de una generación, las vidas de millones de niños y la economía de todo el país, en última, ignorar opciones cómo las mencionadas en este artículo sería una decisión muy perjudicial para el futuro del Ecuador. Es nuestro deber cómo ciudadanos encontrar opciones cómo estas y exigir que el estado las implemente para garantizar la seguridad de todos.

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